jueves, 25 de octubre de 2012

ECONOMÍA MONETARIA VS ECONOMÍA FÍSICA


Por: Jorge Luis Meléndez Cárdenas

Precisamente uno de los logros fundamentales en el área económica de los últimos 40 años, han sido los aportes de Lyndon LaRouche, aunque verdaderamente es un filósofo y estadista, en este campo se aparta de los dogmas que sustentaban la economía hasta hace poco años, y da un escalón superior, al cuestionar toda la epistemología que sustenta la vieja economía. La base de la vieja economía que tiene como símbolo al economista del imperio británico, Adam Smith, que increíblemente, todavía ocupa un lugar en la enseñanza tradicional de las universidades y demás escuelas de post grado. Es en este terreno de la epistemología o el estudio de las raíces conceptúales en cualquier ciencia se definen su veracidad o desatan sus nudos de incomprensión, y, esta precisamente ha sido el papel de LaRouche en sus aportes para este cambio paradigmático.
Recoge una vieja conexión histórica con el método platónico, que viene todavía desde las esféricas del antiguo Egipto, para mostrar la conexión total que deviene en un método único de comprender la realidad y empíricamente ha validado su método de trabajo, que a través de sus llamados nueve pronósticos han verificado, sorprendentemente para muchos, inclusive supuestas mentes encumbradas, la validez de su método.
Quizás algunos consideren que estas afirmaciones son exageradas, y quizás también las críticas lleguen a mi persona, pero, debo decir que en estos más de 30 años que estoy conociendo a LaRouche, nunca he conocido otro economista que vea científicamente el proceso económico. Y la critica más importante esta en que las afirmaciones de las políticas económicas, impuestas al mundo, de los supuestos mejores pensadores en materia económica, como Von Hayek, Von Mieses, Friedman, Fogel, Becker, y para abundar más todos los premios Nóbel de los últimos 40 años, han devenido en rotundos fracasos con el caso más patético que sucedió con Merton, Acholes y Black, y su sistema de minimizar los riesgos de los derivados financieros, a solo un año después de recibir dicho premio, o sea en 1998, fracasaron de manera rotunda en el manejo de LCTM (Long Capitol Term Managment) y con ello sus supuestos teóricos que los llevaron a la academia sueca.
Lo que quiero decirles es que en mis años dedicados no a la enseñanza formal, sino al debate económico serio, no conocí nadie que pudiera evaluar competentemente lo que ocurre en la economía y los desastres que han pasado. Algunos quizás piensen que el critico de ultima hora, Joseph Stiglitz, represente ese personaje. Sí, le dieron también el Nóbel, pero nada más. El caso de LaRouche, se convierte en un caso único, ya que desmontó sistemáticamente la cortina ideológica a la economía, en todas sus vertientes, y la convirtió en una ciencia con sus bases conceptuales que , no importa el régimen que se tenga , pero l historia de la economía humana de más de seis mil años de historia conocida han permitido a LaRouche demostrar los factores causales a considerar para que una economía puede desarrollarse de manera perpetua, y este gran logro lleva a entrar en confrontación con la forma de concebir la economía. Que quizás ustedes puedan recrear en sus cátedras, o lecturas, porque esta domina todavía los principales centros de estudios de administración y economía, pero, ha llegado la hora de la transformación. 
Dentro de ese análisis, el definir el sistema americano de economía, ya define un corte histórico para lo que representó Adam Smith, y uno de sus derivados Carlos Marx. El proceso económico que hizo factible que casi en dos generaciones una colonia se convirtiera en la primera potencia del mundo, nadie lo estudio, ni nadie lo imagino, ni los seguidores de Adam Smith, ni el que estaba vivo en ese momento Carlos Marx, que critico a uno de los economistas estadounidense de esa época , Henry Carey y que manda una carta al presidente Lincoln, reconociendo su logro con la desaparición de la esclavitud, pero que encierra un reto por el futuro entre estas dos vías, y en esto Lincoln, ganó, si nos vamos a las respuestas históricas que definen rumbos en los pueblos.
Pero que además se convierte en una tradición, que se inicia desde Alexander Hamilton, pasando por Carey, luego llegando a la época del presidente Franklin D. Roosevelt, que logra sacar de la depresión a su país, para llegar ahora a LaRouche, esto dentro de los Estados Unidos, porque también podemos citar casos de otros pensadores de lo que ahora se llama economía física, única herramienta que disponen los pueblos para sentar las bases para un verdadero desarrollo, es decir que logre el bienestar general de su población.
Aparte de ese valor conceptual de los aportes de LaRouche, deja claro que la moral y la economía tienen que ir de la mano. Esto tiene importancia fundamental, porque debe cambiar radicalmente la visión clásica de la economía que ve al ser humano sólo como un insumo que se usa, se gasta y se deshecha. Hace algún tiempo, también la iglesia católica, desde la época en que el Cardenal Ratzinger, hoy Benedicto XVI, colaboraba con Juan Pablo II, ya era de profunda preocupación el papel de la economía y la moral, tomando en cuenta que los más radicales de los seguidores del “dogma del libre comercio o la ideología de Adam Smith” la economía es para pecadores, no hay moralidad en la economía, y esto es la base para entender todo tipo de tropelías que han venido sucediendo en contra de la raza humana. Hoy reclamamos con mayor energía que si un proceso económico no tiene como prioridad garantizar el bienestar general de la población, para servir a intereses de una minoría, deberá de ser desplazada y el gobierno condenado por ser una falta grave. Estos puntos los desarrolla adecuadamente en su libro que escribió, cuando estaba en la cárcel, La ciencia de la economía cristiana.
Algunas consideraciones claves de LaRouche sobre el ser humano
El libro en mención LaRouche lo escribe coincidiendo con el centenario de la primera encíclica social que es Rerum Novarum (1991), del Papa León XIII, llamando a atención a la sección 70, específicamente la parte final de esa sección, y en un pasaje de la Summa Theologica de Santo Tomás de Aquino, al que hace referencia ahí, en una nota al pie de la página, el autor de la encíclica, esta dice “Porque, en tanto, hay obligación de obedecer las leyes sólo en cuanto convienen con la recta razón y consiguientemente con la sempiterna ley de Dios”.
El pasaje indicado de la Summa de Santo Tomás dice “La ley humana tiene razón de ley sólo en cuanto se ajusta a la recta razón. Y, así considerada, es manifiesto que procede de la ley eterna. Pero, en cuanto se aparta de la recta razón, es una ley inicua; y así, no tiene carácter de ley, sino más bien de violencia”
“Rerum Novarum examinó hace 100 años como remediar el mal que en ese entonces ocasionaba la “voraz usura; la cual, aunque más de una vez condenada por sentencia de la Iglesia, sigue siempre, bajo diversas formas, la misma en su ser, ejercitada por hombres avaros y codiciosos”, practica que vino a “aumentar el mal” de “hallarse los obreros entregados, solos e indefensos, por la condición de los tiempos, a la inhumanidad de sus amos y a la desenfrenada codicia de la competencia”
Debemos de decir que Juan Pablo II tanto en 1988 como en 1991, presentó dos sendas encíclicas sociales Sollicitudo rei sociallis” (1988) y “Centessimus annos” (1991) precisamente esta última como homenaje a Rerum Novarum.
Para la época en que asesinaron al presidente estadounidense John F. Kennedy, a fines de 1963, habían transcurrido unos tres cuartos de siglo. Para la mayoría de los observadores de ese entonces, aprecia que el alegato de Rerum Novarum en pro de la justicia económica, si bien aún no conseguía el éxito, seguramente iba por buen camino.
En los llamados sectores “capitalistas industrializados” del planeta, el movimiento sindical y otras agencias gestoras habían hecho y seguían haciendo avances acumulativamente inestimables y supuestamente permanentes en lo tocante a los derechos humanos de la mayoría de los estratos de la población. Aunque al final de la Guerra Mundial de 1939-1945 se instauró una cruel forma de neocolonialismo, el espíritu del Proyecto de la Primera Década del Desarrollo, de la ONU, y la Alianza para el Progreso, del gobierno de Kennedy en los estados Unidos, paralela al auge del movimiento por los derechos civiles en los propios Estados Unidos, del que tal vez se hacía eco.
A mediados de los sesentas, esa prometedora dirección de los acontecimientos sufrió un viraje de 180 grados. En el último cuarto de siglo, las condiciones sociales de la mayor parte del mundo han sido, por término medio, mucho peores que durante los sesentas y amenazan con volverse dentro de poco mucho peores que hace cien años.
Esto escribió en 1991, hoy 2007, la situación es cada vez peor, la globalización está destruyendo al mundo y hay que apelar a las citas de la encíclica que LaRouche llamó su atención, para hacer prevalecer otra vez el bienestar general.

El ser humano
“Aunque el desarrollo de las facultades mentales creadoras de cada persona ocurra dentro de un proceso social, los procesos creadores por medio de los cuales cada persona genera descubrimientos validos, los trasmite o los asimila prácticamente, son procesos de generación de conceptos que se pueden demostrar que son totalmente internos de cada persona. Por lo tanto, esas facultades creadoras son facultades soberanas de cada persona en la que desarrolla esa chispa divina de la capacidad de razonamiento creador.
La sola existencia de las facultades creadoras no es lo que define al hombre a imagen del creador; es el hecho de que esta facultad creadora es, en cada caso, una facultad soberana de cada persona, una esencia soberana de la persona humana, que la define a imagen viva del Creador o, en latín, imago viva Dei.
Por lo tanto, toda vida humana es sagrada. Si bien se le puede quitar la vida a alguien en el fragor de una guerra u otro combate mortal moralmente justificado, los cristianos no podemos jamás poner fin a una vida humana a nuestro antojo cuando la persona está a nuestra merced, sujeto a nuestro poder de conservar o matar. De hacerlo, pecamos directamente contra Dios.
Quizá se comprenda mejor la santidad de la vida humana si tomamos en cuenta la importancia práctica que tiene para toda la humanidad cada persona que aporta algo, por mínimo que sea, a nuestro conocimiento científico fundamental” concluye LaRouche.
Cada avance tiene una repercusión crucial en la mejora de la vida, esto también significa que el desarrollo científico tecnológico está íntimamente ligado a la economía.
Uno de los críticos más severos de este proceso llamado globalización, es Lyndon LaRouche, que la ha definido como un nuevo imperio romano. Debo partir por decirles que LaRouche, prácticamente a puesto en tela de juicio toda la ortodoxia económica, y es que en sus fundamentos epistemológicos pone en tela de juicio toda la teoría económica que se ha venido desarrollando como base conceptual en la formación de los profesionales de la economía, pero más importante aún, para la construcción del desarrollo de nuestras naciones. Estamos hablando de un momento de crisis, según LaRouche, una crisis sistémica, del sistema financiero internacional, y las soluciones propuestas de acuerdo a la vieja ortodoxia económica no han dado resultado, han fracasado de manera rotunda.
La verdad es que la mayoría de los expertos económicos, salvo honrosas excepciones, han quedado descalificados, los acontecimientos que están ocurriendo en materia económica en el mundo, no sólo los dejó sin discurso, sino que plantea una revisión total de los conceptos todavía prevalecientes de la antigua economía, que nunca pasó de ser una ideología, siempre vinculada a una concepción oligárquica del mundo, de hecho la economía cosmopolita de Adam Smith, nunca se refirió a las economías nacionales, siempre giró al compás del interés del imperio británico. 
Al fin y al cabo, no se pudo esperar más de un funcionario de la Compañía de Indias Orientales, que desarrolló una teoría que justificara las ventajas del imperio, creando el modelo librecambista, al que luego Alexander Hamilton enfrentara, con lo que llamó “Sistema Americano de Economía”, que demostraba que las economías so¬lo pueden desarrollarse cuando se sostienen en un programa proteccionista de desarrollo productivo, como lo muestran 200 años de historia económica. Sin embargo desde hace casi 35 años, hemos vuelto a la economía del imperio británico, con otro ropaje, pero que promueve otra vez, que el libre comercio es la base del desarrollo de nuestros pueblos; es¬to, es totalmente errado, como lo ejemplifica la actual crisis sistémica de la economía mundial. 
Los dogmas de Adam Smith, revividos en 1947 por Von Hayek, han llevado a las economías del mundo a un proceso conocido ahora como neoliberalismo, que destruye aceleradamente la capacidad de reproducción de la riqueza, generando un extraordinario sufrimiento en millones de seres humanos. Lamentablemente la mayoría de los economistas llevan este fardo a cuestas, que hace que no entiendan nada de lo que está pasando, sus criterios están desconectados de la realidad. A lo mejor piensan que la realidad es la que está equivocada; simplemente no ven a la economía como un proceso físico, real, es decir, que la economía pase de una concepción ideológica a una concepción científica, capaz de reproducirse en cualquier circunstancia, siempre y cuando se respeten ciertos métodos o procedimientos.
Es visible que la fama de las escuelas de economía, son cosas del pasado, mientras más se acelera el deterioro de la economía mundial, menos alumnos en sus aulas, sin embargo los “guru” económicos, deliran diciendo que la economía mundial está boyante, y lo dicen sin ruborizarse. 
En el fondo es el resultado de la “ideología postindustrialista” que no solo afecta a los economistas, sino a gran parte de la población. Solo veamos a quié¬nes premian con el Nóbel de Econo¬mía, salvo la honrosa excepción de Maurice Allais en 1988, se premia a personajes como Milton Friedman, activo promotor de la legalización de las drogas, como lo hace tan descarada¬mente en su libro “La tiranía del statu quo”, que escribió conjuntamente con su esposa Rose; pero sin embargo tiene un Nóbel, igual puedo decir de Fogel, que justifica la esclavitud, dice que fue el método más eficiente en el manejo de fincas rurales, o el caso de Gary Becker que promueve una subasta de inmigrantes para entrar a los Es¬tados Unidos, el que lleva más dinero es el que será aceptado, esto es peor que el esclavismo, o los últimos Nóbel de 1997, que son premiados por sus métodos creados para el manejo de los derivados financieros; es decir premian a lo que está causando la destrucción del sistema financiero internacional. Esta demás decir que Merton y Scholes no pudieron hacer efectivas sus teorías en cuanto a la minimización del riesgo de los derivados financieros y casi se llevan la economía mundial con la LCTM Long Capital Term Managment, con una intervención directa de la Reserva Federal y de los principales bancos centrales del mundo contradiciendo sus teorías de no intervención del estado, así cualquiera.
En fin, estamos en una profunda crisis paradigmática de los conceptos económicos. Los últimos 30 años del proceso económico internacional, de¬muestran la incompetencia total en resolver la mejora de la calidad de vida de la humanidad, manifestándose, en este proceso globalizador del libre comercio que solo ha beneficiado a una porción muy pequeña de la humanidad, a costa de la pobreza y al sufrimiento de la mayoría. Ver mas razones.
Necesitamos una economía que dignifique al hombre, que tenga una correcta relación, como diría el cardenal Ratzinger, entre moral y economía, que se sustente en el desarrollo acelerado de la producción y la infraestructura productiva y que elimine la usura en todas sus formas. Esta economía si existe, es lo que se llama “Economía Física”, desde los primeros trabajos de Gotfred Leibniz (“Sociedad y Economía”-1671), pasando por Dupin, Sancho de Moncada, Alexander Hamilton, Federico List, Mathew y Henry Carey, Peshine Smith, hasta la actualidad, reforzada fundamentalmente con los descubrimientos de Lyndon H. LaRouche, que han transformado a la economía en una ciencia. 
Se demuestra esta afirmación, en que las únicas prognosis correctas de los últimos 30 años recaen en sus pronósticos, demostrando los errores conceptuales de lo que hoy se llama la escuela neoliberal, de hecho esta es la confrontación de nuestros días. LaRouche ha dicho que la especulación financiera se ha convertido en la principal actividad de la economía mundial, pero a costas de destruir la capacidad pro¬ductiva de los estados nacionales. Cuando hablamos de la crisis de México o de la crisis de Asia, siempre nos estaremos refiriendo a la especulación financiera. 
Sin embargo los jerarcas del FMI y el Banco Mundial, que han sido los propiciadores de la ejecución de este desbocado liberalismo económico, recetan más apertura, más liberalismo, más austeridad, es como si una persona estuviera enferma y en lugar de darle los medicamentos necesarios para sanarla, simplemente se le da veneno. 
Ha llegado el momento de impulsar la necesaria reorganización por quiebra del sistema financiero internacional, y qué mejor que hacer los correctivos de manera ordenada, si se apodera el caos por aplicar más reformas neoliberales, las consecuencias serán impredecibles. El cuestionamiento paradigmático, no solo es necesario, sino que es el único medio para hacer un nuevo ca¬mino económico que beneficie a la humanidad.

La génesis de la ciencia económica de LaRouche

Se basa en la prueba empírica concluyente de que hay una diferencia fundamental que coloca a la especie humana absolutamente aparte y por encima de todas las especies animales, es decir que el hombre es un ser superior. Esta diferencia decisiva es el poder de la humanidad de aumentar la densidad demográfica potencial de la especie humana en su totalidad generando, trasmitiendo y asimilando eficientemente el progreso científico y tecnológico de modo voluntario (1). 
Por lo que la humanidad es capaz de aumentar intencionalmente el tamaño máximo de la población humana que se puede autosustentar por su propio trabajo, por kilómetro cuadrado promedio de superficie, y a la vez mejorar las condiciones físicas de vida. Ninguna especie animal puede lograr esto. La medida en que una especie animal se puede adaptar con buen éxito está delimitada como por determinación genética; la humanidad no sufre limitación semejante ni para su población, ni para el desarrollo de cada uno de los integrantes de dicha población (aunque ahora, los globalistas piensas que sí)
Este aumento en la productividad física del hombre se debe medir tanto per capita como por kilómetro cuadrado: la producción física útil per capita y por kilómetro cuadrado.
LaRouche dice que estamos obligados a medir la producción no como una mera cantidad de objetos. Dado que habla de la tasa de producción desde el punto de vista de la autoreproducción de la especie humana, tenemos que medir tanto los insumos como los resultados en unidades actuariales de reproducción. 
Se tiene que tomar en cuenta, en tanto variables funcionalmente causales, un sistema de medición de insumos basado en la familia como la unidad social tanto de la reproducción cuantitativa como de la cualitativa, no sólo de sociedades enteras, sino de la humanidad en su totalidad. Por lo tanto dice LaRouche, estamos obligados a medir características de cada integrante de la familia, según diferenciaciones como generaciones, grupos de edad, salud, desarrollo mental, esperanza de vida y fecundidad. Tenemos que medir, no los objetos individuales, sino la canasta básica de consumo que se necesita, en promedio, por persona y por familia, según las correspondientes relaciones de causa y efecto
Estamos obligados a medir la relación productiva desde el punto de vista de los cambios productivos que hace la humanidad en la naturaleza: es decir, el aumento que produzca el hombre de la fecundidad presente y futura de la tierra para la reproducción humana.
Para que tal proceso pueda continuarse, la humanidad tiene que realizar deliberadamente los descubrimientos científicos cada vez más exactos (LaRouche dice que la creatividad es el motor de la economía) por medio de los cuales se logra aumentar el bienestar y la capacidad productiva del trabajo. Este progreso deliberado puede ocurrir sólo a condición de que haya un principio cognoscible de ordenamiento que gobierne el paso de cada nivel de conocimiento para la práctica al nivel superior siguiente.
Dado que las ideas superiores que así se descubren tienen que corresponder al dominio superior de la naturaleza (dominio complejo) en su totalidad, las leyes cognoscibles que gobiernen el progreso de los descubrimientos científicos fundamentales tienen que ser las leyes que gobiernen el universo en su totalidad (un solo mundo) Si esto no fuera posible la población nunca hubiera pasado de un máximo de diez millones de personas vivas sobre el planeta en un momento dado: tal es el estimado razonable de la densidad demográfica potencial de una “sociedad primitiva de caza y recolección.
Quizás el hombre emplee exitosamente una herramienta cuyo diseño no comprenda correctamente; sin embargo, el principio que ordena exitosamente los adelantos fundamentales sucesivos del diseño de herramientas tienen que concordar por lo menos aproximadamente con el principio que gobierna el ordenamiento legítimo subyacente de la naturaleza.
LaRouche profundiza un poco más, en su libro que llama complemento del Teetetes (2),
En defensa del sentido común (1990). Las sociedades pueden ser o no ser inmortales; ningún individuo lo es. Se pregunta ¿No es un éxito la supervivencia misma? Existen estados de existencia social que parecieran ser de supervivencia momentánea, pero que también son un paso ascendente por un camino que solo conduce, a más largo plazo, a la ruina 
Se rescata del mar a un nadador, momentos antes de menguar fatalmente su fuerza. Esto es supervivencia momentánea. ¿Es este un paradigma para la supervivencia exitosa de la sociedad entera? ¿Cómo debemos distinguir entre supervivencia momentánea y supervivencia exitosa? 
Dice: elijamos un momento dado de un proceso continuo de supervivencia de la sociedad en su conjunto. Este proceso es la agregación e interacción de las muertes, las maduraciones, los nacimientos, y las concepciones que, juntos definen funcionalmente a una colección de individuos como una totalidad indivisible.
El momento elegido sirve como momento de partida para un viaje continuo hacia el futuro. Démosle a ese momento la designación”A”. A cada uno de una serie de momentos posteriores escogidos, demos, respectivamente, las designaciones B, C, D, y así por el estilo.
La supervivencia del nadador en el momento B, ¿presagia la probabilidad de su supervivencia continua, por C, D, y así sucesivamente? ¿Para fomentar una posteridad exitosa quizá? Tal es la distinción primordial entre la supervivencia momentánea y la exitosa,
Consideremos este viaje a futuro como si fuera una especie de función continua de la física matemática. Continuamente, las causas generan efectos, y los efectos tienen relación causal con efectos subsecuentes. Esta función se expresa en términos del aumento o disminución de una magnitud llamada densidad demográfica potencial.
Esta no es una función continua de tipo ordinario o “lineal”; es “alineal”, pero no por ello deja de ser una función eficientemente continua en términos de referencias experimentales. 
Densidad demográfica significa lo que el término mismo parece implicar. Significa, en términos generales, el número de personas que pueblan un kilómetro cuadrado promedio de superficie de tierra. Si la inspeccionamos más detenidamente, esta proporción sencilla se vuelve más y más interesante.
Algunos antropólogos enseñan que en pasado remoto cuando la superficie de nuestro planeta era todavía una utopía agreste, toda la humanidad vivía en un estado de infantil inocencia y armonía con la naturaleza, llamada una “sociedad simple de caza y recolección”. No han quedado pruebas que documenten esta presunta existencia de sociedad primitiva aunque se conocen muchos casos de sociedades fracasadas que han degenerado a una condición que se asemeja al ideal utópico.
Poco importa, más allá de nuestra mera obligación de registrar el hecho, si tales estados de desarrollo de la sociedad solo ocurren como el penúltimo grado de degeneración de la cultura, o si también pueden haber existido quizás como un momento en la trayectoria ascendente del desarrollo de la sociedad. Las características demográficas y económicas de tal estado de la sociedad se conocen con un grado de aproximación bastante bueno.
Un calculo de la densidad demográfica en tales condiciones sería de unos diez kilómetros cuadrados de tierra virgen, en promedio por persona. Aparte de eso, la utópica “sociedad de caza y recolección” se asemejaría a una “tribu” de orangutanes o patanes. La esperanza de vida de los que sobrevivieron los primeros meses de infancia sería bastante me¬nos que veinte años y la población máxima en una utopía semejante en unos 10 millones de personas como mucho.
Sin embargo, hoy tenemos 6 mil millones de personas, y si todo el mundo se hubiera empleado al grado que era posible, en el nivel de tecnología disponible en 1970, no sólo sería significativamente mayor de lo que es la población del planeta, el nivel de vida per cápita se aproximaría al de Norteamérica de los años 70, y la población potencial a diferencia de la existente iría llegando a los 25 mil millones de habitantes.
Dice LaRouche “el asunto de la densidad demográfica tanto existente como potencial durante los últimos años es pues el resultado de la continua e interdependiente generación, transmisión y asimilación eficiente del progreso científico. Ello significa que la transformación de la tierra, de las capacidades productivas del trabajo, que refleja directamente el impacto causal del progreso científico por sí misma tiene los siguientes efectos en la densidad demográfica potencial:
1) Aumenta la fertilidad de la tierra, para la producción y para la habitación humana,
2) Aumenta la productividad del trabajo, 
3) Mejora el nivel de vida físico, per cápita, de las familias de los trabajadores (la canasta básica).
Se reduce la superficie de tierra que se requiere en promedio para mantener el común de las personas, a la vez que aumenta tanto el consumo físico que se requiere, como la capacidad de satisfacerlo.
Descubrimos también que ocurren los si¬guientes cambios. Con el aumento de la pro¬ductividad física potencial del trabajo, y el correspondiente aumento del consumo per cápita requerido, prevalecen las siguientes pautas: 
4) Aumentan la cantidad de energía que se consume per cápita y por hectárea, 
5) Tiende a aumentar la cantidad de energía concentrada por sección transversal de la superficie de trabajo (ndr: equipárelo con una función cónica). El aumento de la productividad física conlleva también los siguientes cambios sociales: 
6) Aumenta 1a proporción de población urbana a población rural, hacia lo que parece ser un límite máximo asintótico, 
7) Aumenta la proporción de la fuerza de trabajo empleada en producción. de bienes de producción relativa a la que se emplea produciendo bienes domésticos y otros afines. Estos cambios se dan con la restricción de que aumenta, y nunca se reduce, la producción de bienes rurales domésticos y afines por hectárea y per cápita. Las precondiciones anteriores conllevan otros cambios demográficos: 
8). Aumenta la edad de maduración (para in¬gresar de lleno a la tuerza de trabajo regu¬lar), 
9) Hay una tendencia general de operarios ocupados en la producción física a desplazarse de modos de empleo de uso intensivo de mano de obra a modos de uso in¬tensivo de energía. 
Sobrevivir exitosamente significa cumplir todas esas precondiciones. Ellas regulan la conexión causal entre el avance tecnológico y el aumento de la densidad demográfica potencial. 

El método LaRouche -Riemann 
Como lo explica el mismo LaRouche (5): El sistema Americano y el método LaRouche-Riemann se basan directamente en el trabajo de Gotfried Leibniz, específicamente en su estudio de las implicaciones de las máquinas movidas por calor. A este respecto, baste un rápido recuento para darle al lector una idea suficiente del punto de vista desde el cual se elaboró el presente trabajo
Si se transfieren a las máquinas las funciones que realizan la fuerza muscular humana y animal, y si se suministra fuerza a las máquinas, no hay duda de que, como dijo Leibniz, “un hombre puede hacer el trabajo de cien”. En primera instancia, este efecto se mide cuando se compara producción diaria de un obrero que utiliza una máquina que la que obtendría sin ella. En segundo termino, podemos comparar la cantidad de carbón equivalente consumido para suministrar fuerza a la máquina.
De estas investigaciones, Leibniz obtuvo las definiciones que aportó a la ciencia económica y a la termodinámica, a saber: trabajo y potencia para realizar trabajo. Sin embargo, esto simplemente dio sustento al descubrimiento más profundo de Leibniz.
Tenemos que hablar ahora en forma un tanto técnica. Hay ciertas objeciones a que se den informes en lenguaje técnico, pero las objeciones a la falta de esta clase de informes son mayores y mejor fundadas.
Consideremos el caso especial en el que dos máquinas consumen la misma cantidad de combustible (medida en carbón equivalente) a la misma velocidad, pero una de ellas produce mayor cantidad del mismo producto que la otra, independientemente del obrero que la opere.
Este ejemplo permite aislar el principio interno de la máquina en tanto objeto de la investigación experimental. Las diferencias de la organización interna de las máquinas, que se expresan en diferentes eficiencias al usar energía calórica, se denomina tecnología.
El ejemplo que acabamos de citar es excepcional. Los aumentos de la capacidad productiva del trabajo que se logran por medio de adelantos técnicos requieren por regla general del aumento del número de kilovatios-hora que la sociedad consume anualmente. Solo por excepción se pueden mejorar las capacidades productivas sin aumentar el consumo de energía útil per capita. Más aún: a lo largo de toda la historia del progreso tecnológico hasta nuestros días, acrecentar las capacidades productivas del trabajo ha requerido siempre de una mejor organización del consumo de energía. Primero, la energía debe estar más concentrada; la cual se mide por el número de kilovatios-hora que pasan por unidad cuadrada del área transversal del dispositivo por el que fluye: densidad de flujo energético. Segundo, la energía debe consistir cada vez menos de calor caótico y cada vez más de flujos coherentes, como la corriente alterna y los rayos láser.
Para mostrar la relación de los factores mencionados, podemos empezar por un grafica tridimensional. Una de las dimensiones es la densidad de flujo energético, la segunda es el avance tecnológico; y la tercera es el aumento de la capacidad productiva del trabajo per cápita. Esta sería, en términos gruesos, la función tecnológica que necesitamos.
El mismo principio se aplica a la agricultura. La capacidad de crecimiento de la planta depende de la cantidad de energía útil por kilómetro cuadrado. La fuente principal de energía es la radicación solar, limitada por la eficiencia de la clorofila; a ella se suman la “energía artificial” aportada en forma de fertilizantes t elementos similares, así como la energía utilizada en el riego y en la maquinaria. La densidad relativa potencial de población que la sociedad puede sostener mediante su propia producción está determinada por la densidad de flujo energético por kilómetro cuadrado de tierra habitada, más la densidad de flujo energético per capita que utilizan los habitantes de esa tierra. Lo cual a su vez depende de avances tecnológicos sin los cuales no serían efectivos los incrementos de la densidad del flujo energético.
En general, todos estos aspectos fueron expuestos de modo explícito por los principales economistas del sistema americano, o estaban implícitos en sus trabajos y manera de pensar. El merito específico del método LaRouche-Riemann es que incluye la solución de cómo medir la tecnología.
La manera en que Leibniz entendía la tecnología se prefigura en varios aspectos del trabajo de Leonardo da Vinci, entre ellos el perfeccionamiento de la hidrodinámica y los principios del diseño de maquina. La definición de tecnología se basa en un principio que conocía la Academia de Platón de Atenas y que redescubriera durante el siglo XV el cardenal Nicolás de Cusa, predecesor inmediato de los logros de Leonardo en las ciencias físicas: el principio comúnmente denominado teorema isoperimétrico de la topología.
El redescubrimiento de Cusa acabó con todo s los axiomas, los postulados y la estructura deductiva silogística de los Elementos de Euclides y demostró que todas las construcciones posibles en el espacio visible (euclidiano) dependen tan solo de un principio de suyo evidente: la rotación circular en un vacío sin forma ni dimensión. La noción de la rotación circular como único “axioma” de la geometría es una afirmación geométrica del verbo “crear”, “hacer que exista”. La acción circular, al obrar sobre si misma, produce la línea recta y, luego, el punto: la línea y el punto ya no son entes evidentes por si mismos (axiomáticos), sino entes derivados.
En el siglo pasado (LaRouche escribe en 1989), este descubrimiento condujo al profesor berlines Jacob Steiner a formular la llamada geometría sintética. Todas las comprobaciones matemáticas dependen exclusivamente del principio hereditario de la construcción, sin emplear ningún principio o estructura que no se haya derivado de la rotación circular axiomática.
Sigue LaRouche diciendo, el trabajo de Johannes Kepler aportó la prueba empírica concluyente del trabajo que a este respecto realizaron Platón, Cusa, Pacioli, Da Vinci. Kepler derivó las únicas leyes astronómicas que mantienen validez hoy en día.(Aunque estas leyes no miden perfectamente los valores armónicos y no contienen directamente consideraciones relativistas, son validas en toda su extensión).La falla del teorema isoperimetrico, es que a pesar que basta para todas las construcciones posibles en el espacio visible (euclidiano),no basta para dar cuenta de todas las formas que aparecen en el espacio visible. Estas últimas abarcan la clase de formas que no se pueden construir en el espacio visible, sino con el auxilio de funciones trascendentales. Todas las funciones trascendentales se derivan de la acción circular autosimilar posible en la superficie externa de un cono o un cilindro de longitud indefinida.
Todas las formas que pueden existir en el espacio visible se pueden construir sustituyendo las funciones circulares por proyecciones de estas funciones cónicas de una espiral autosimilar.
Estas observaciones nos dan el herramental necesario para discutir la concepción tecnológica de Leibniz.
Para empezar, se puede decir que todas las características de la organización de una máquina que tienen significación técnica pueden reducirse a acción circular: ciclos en los cuales la dirección de la energía aplicada se cambia de manera ordenada. Sin embargo, esto es sólo una aproximación. Las máquinas también concentran energía, de modo que, digamos, un kilovatio se puede concentrar en un área de un centímetro cuadrado, por ejemplo. Esta intensificación de la densidad de flujo energético dentro del ciclo de la máquina nos obliga a sustituir la acción circular por la acción cónica...
Fue al reconocer las implicaciones del trabajo de Riemann, a principios de 1952, cuando encontré que había un método para solucionar el problema de expresar matemáticamente la conexión entre el adelanto tecnológico y el aumento de la capacidad productiva del trabajo. Para indicaren que consiste dicha conexión es necesario enunciar qué medición del valor económico se necesita.
Dado que cualquier tecnología que se mantenga sin cambios tiende a agotar la gama de recursos naturales de los cuáles depende, no hay sociedad que no se desplome si su tecnología no progresa. Por razones similares, la única medición aceptable del valor económico es la del aumento de la densidad relativa potencial de población de la sociedad.
En otras palabras, cualquier otra medición económica que se base en cosas contables, (como hoy en día), o en el costo promedio por hora de producir cosas, resultará absurda, excepto para aproximaciones de corto plazo. Mas aún: cualquier método de contabilidad de ingreso nacional que mida el precio neto (valor agregado) u otras magnitudes escalares del proceso económico, es totalmente inútil y absurdo cuando se trata de determinar si la tecnología va hacia delante p va en retroceso.
Por lo tanto, la ciencia económica debe medir los efectos tecnológicos des de el punto de vista del aumento de la densidad relativa potencial de población, magnitud alineal por su propia naturaleza.

viernes, 30 de abril de 2010

EL FIN DE LA DOMINACIÓN DE UN CONCEPTO

Jorge Luís Segura
ESCRITOR
(Extracto)
"Lo masculino, lo femenino y lo andrógino"
Autor: Jan M.Broekman
La diferenciación en la sexualidad entre hombres y mujeres y las transgresiones entre los sexos son generalmente percibidos como fenómeno de la naturaleza y difícilmente como significados de una cultura. ¿Cómo es posible que las diferencias sexuales no sean de naturaleza?
¿Es posible afirmar que las transgresiones en la sexualidad muestran una lucha contra la dominación de un concepto, el de la llamada naturaleza? En esta relación podemos formular que 'género' es una expresión neutra, mientras que 'sexo' no es neutro, pero asociado con uno de los dos sexos. ¿Son dos? No es una pregunta sin relevancia para los problemas de género y transgresión. La transgresión es, tal vez, un gran enigma denotando problemas importantes de la expresividad mental.
Lo que es indiscutible es que, también en la actualidad, el carácter absoluto de la diferencia entre hombre y mujer, aceptada por el derecho como autoevidencia y elevada a fundamento del orden jurídico, es contestado por la secreta mirada dirigida hacia el hombre que es también mujer y hacia la mujer que es también hombre. Esta mirada y esta realidad, nuestra sociedad dice que son inexistentes, desprovistas de fundamento, patológicas, surrealistas, fuera de lo normal y las rechaza. Se plantea entonces otra cuestión: ¿Es la diferenciación de los sexos, la división obvia entre hombre y mujer, una norma social y no un dato natural? ¿Se trata quizá de una macronorma social, que pervive en muchos mitos de nuestra cultura por haber sido reprimida en otras partes? ¿Y no se podría entonces decir que se la mantiene radicalmente separada de la normatividad del derecho, del estado y la sociedad?
"Ocúltame lo que soy/Conceal me what I am", son las sencillas palabras de Viola en el Acto I, Escena 2 (I,2) de Twelfth Night de Shakespeare. Se trata de una obra sobre la identidad, y no es algo nuevo y revolucionario ni en la historia occidental ni en el teatro de Shakespeare. Conforman el argumento la transgresión del género, del amor y el tiempo, de las relaciones familiares; el reconocimiento del hermano a través de la reconstrucción de la identidad del padre. La ocultación, que constituye una condición de mayor peso en la trama, debe permanecer así, oculta.
Aquello que se oculta debe tratarse con discreción, ya que es algo único y pertenece a los fundamentos de la cultura, a la base de su propio orden y a la consistencia de sus valores. "Ocúltame lo que soy/Conceal me what I am..." es una frase intemporal. La expresión está llena de reminiscencias de la vida, la costumbre y la cultura de la Antigua Grecia; e incita a la transgresión de los sexos con el fin de resolver los problemas de la vida y el amor.
¿Qué ocurre hoy cuando una chica quiere ser un chico? La respuesta es tan clara como lo es la pregunta: tendrá que confirmarse dentro del cuadro clínico "transexualidad" y reconocer que padece una distrofia de género, aceptar un complejo proceso de diagnóstico y un tratamiento de larga duración. Todo ello dirigido a una integración de rasgos internos y externos. El cartesianismo es el valor dominante en derecho, medicina, ética, política y cultura. La transgresión de género está relacionada con el cuadro clínico de transexualidad/disforia de género. Pero entonces queda pendiente la pregunta: ¿acaso no será la diferenciación entre hombre y mujer una norma social y no un mero dato natural?

viernes, 26 de marzo de 2010

ENTREVISTA A WILLIAM FAULKNER (extracto)

¿Existe alguna fórmula que sea posible seguir para ser un buen escritor?
99% de talento... 99% de disciplina... 99% de trabajo. El escritor nunca debe sentirse satisfecho con lo que hace. Lo que se hace nunca es tan bueno como podría ser. Siempre hay que soñar y apuntar más alto de lo que uno puede apuntar. No preocuparse por ser mejor que sus contemporáneos o sus predecesores. Tratar de ser mejor que uno mismo. Un escritor es una criatura impulsada por demonios. No sabe por qué ellos lo escogen y generalmente está demasiado ocupado para preguntárselo. Es completamente amoral en el sentido de que será capaz de robar, tomar prestado, mendigar o despojar a cualquiera y a todo el mundo con tal de realizar la obra.

¿Quiere usted decir que el escritor debe ser completamente despiadado?
El escritor es responsable sólo ante su obra. Será completamente despiadado si es un buen escritor. Tiene un sueño, y ese sueño lo angustia tanto que debe librarse de él. Hasta entonces no tiene paz. Lo echa todo por la borda: el honor, el orgullo, la decencia, la seguridad, la felicidad, todo, con tal de escribir el libro. Si un escritor tiene que robarle a su madre, no vacilará en hacerlo...

Entonces la falta de seguridad, de felicidad, honor, etcétera, ¿sería un factor importante en la capacidad creadora del escritor?
No. Esas cosas sólo son importantes para su paz y su contento; el ejercicio del oficio de escritor no tiene nada que ver con la paz y el contento.

Entonces, ¿cuál sería el mejor ambiente para un escritor?
El arte tampoco tiene nada que ver con el ambiente; no le importa dónde está. Si usted se refiere a mí, el mejor empleo que jamás me ofrecieron fue el de administrador de un burdel. En mi opinión, ese es el mejor ambiente en que un escritor puede trabajar. Goza de una perfecta libertad económica, está libre del temor y del hambre, dispone de un techo sobre su cabeza y no tiene nada qué hacer excepto llevar unas pocas cuentas sencillas e ir a pagarle una vez al mes a la policía local. El lugar está tranquilo durante la mañana, que es la mejor parte del día para trabajar. En las noches hay la suficiente actividad social como para que el artista no se aburra, si no le importa participar en ella; el trabajo da cierta posición social; no tiene nada qué hacer porque la encargada lleva los libros; todas las empleadas de la casa son mujeres, que lo tratarán con respeto y le dirán "señor". Todos los contrabandistas de licores de la localidad también le dirán "señor". Y él podrá tutearse con los policías. De modo, pues que el único ambiente que el artista necesita es toda la paz, toda la soledad y todo el placer que pueda obtener a un precio que no sea demasiado elevado. Un mal ambiente sólo le hará subir la presión sanguínea, al hacerle pasar más tiempo sintiéndose frustrado o indignado. Mi propia experiencia me ha enseñado que los instrumentos que necesito para mi oficio son papel, tabaco, comida y un poco de whisky.

Usted mencionó la libertad económica. ¿La necesita el escritor?
No. El escritor no necesita libertad económica. Todo lo que necesita es un lápiz y un poco de papel. Que yo sepa nunca se ha escrito nada bueno como consecuencia de aceptar dinero regalado. El buen escritor nunca recurre a una fundación. Está demasiado ocupado escribiendo algo. Si no es bueno de veras, se engaña diciéndose que carece de tiempo o de libertad económica. El buen arte puede ser producido por ladrones, contrabandistas de licores o cuatreros. La gente realmente teme descubrir exactamente cuántas penurias y pobreza es capaz de soportar. Y a todos les asusta descubrir cuán duros pueden ser. Nada puede destruir al buen escritor. Lo único que puede alterar al buen escritor es la muerte. Los que son buenos no se preocupan por tener éxito o por hacerse ricos. El éxito es femenino e igual que una mujer: si uno se le humilla, le pasa por encima. De modo, pues, que la mejor manera de tratarla es mostrándole el puño. Entonces tal vez la que se humille será ella.

¿Trabajar en otras actividades es perjudicial para su propia obra de escritor?
Nada puede perjudicar la obra de un hombre si éste es un escritor de primera, nada podrá ayudarlo mucho. El problema no existe si el escritor no es de primera, porque ya habrá vendido su alma por una piscina.

En cuanto a su propia obra, ¿tiene alguna obligación con el lector?
Su obligación es hacer su obra lo mejor que pueda hacerla; cualquier obligación que le quede después de eso, puede gastarla como le venga la gana. Yo, por mi parte, estoy demasiado ocupado para preocuparme por el público. No tengo tiempo para pensar quién me lee. No me interesa la opinión de Juan Lector sobre mi obra ni sobre la de cualquier otro escritor. La norma que tengo que cumplir es la mía, y esa es la que me hace sentir como me siento cuando leo La tentación de Saint Antoine o el Antiguo Testamento. Me hace sentir bien, del mismo modo que observar un pájaro me hace sentir bien. Si reencarnara, sabe usted, me gustaría volver a vivir como un zopilote. Nadie lo odia, ni lo envidia, ni lo quiere, ni lo necesita. Nadie se mete con él, nunca está en peligro y puede comer cualquier cosa.

¿Qué técnica utiliza para cumplir su norma?
Si el escritor está interesado en la técnica, más le vale dedicarse a la cirugía o a colocar ladrillos. Para escribir una obra no hay ningún recurso mecánico, ningún atajo. El escritor joven que siga una teoría es un tonto. Uno tiene que enseñarse por medio de sus propios errores; la gente sólo aprende a través del error. El buen escritor cree que nadie sabe lo bastante para darle consejos. tiene una vanidad suprema. No importa cuánto admire al escritor viejo, quiere superarlo.
Entonces, ¿usted niega la validez de la técnica?
De ninguna manera. Algunas veces la técnica arremete y se apodera del sueño antes que el propio escritor pueda aprehenderlo. Eso es tour de force y la obra terminada es simplemente cuestión de juntar bien los ladrillos, puesto que el escritor probablemente conoce cada una de las palabras que va a usar hasta el fin de la obra antes de escribir la primera. Eso sucedió con "Mientras Agonizo". No fue fácil. Ningún trabajo honrado lo es. Fue sencillo en cuanto que todo el material estaba ya a la mano. La composición de la obra me llevó sólo unas seis semanas en el tiempo libre que me dejaba un empleo de doce horas al día haciendo trabajo manual. Sencillamente me imaginé un grupo de personas y las sometí a las catástrofes naturales universales, que son la inundación y el fuego, con una motivación natural simple que le diera dirección a su desarrollo. Pero cuando la técnica no interviene, escribir es también más fácil en otro sentido. Porque en mi caso siempre hay un punto en el libro en el que los propios personajes se levantan y toman el mando y completan el trabajo. Eso sucede, digamos, alrededor de la página 275. Claro está que yo no sé lo que sucedería si terminara el libro en la página 274. La cualidad que un escritor debe poseer es la objetividad al juzgar su obra, más la honradez y el valor de no engañarse al respecto. Puesto que ninguna de mis obras ha satisfecho mis propias normas, debo juzgarlas sobre la base de aquélla que me causó la mayor aflicción y angustia del mismo modo que la madre ama al hijo que se convirtió en ladrón o asesino más que al que se convirtió en sacerdote.
Usted dijo que la experiencia, la observación y la imaginación son importantes para el escritor. ¿Incluiría usted la inspiración?
Yo no sé nada sobre la inspiración, porque no sé lo que es eso. La he oído mencionar, pero nunca la he visto.

Se dice que usted como escritor está obsesionado por la violencia.
Eso es como decir que el carpintero está obsesionado con su martillo. La violencia es simplemente una de las herramientas del carpintero. El escritor, al igual que el carpintero, no puede construir con una sola herramienta.

¿Puede usted decir cómo empezó su carrera de escritor?
Yo vivía en Nueva Orleáns, trabajando en lo que fuera necesario para ganar un poco de dinero de vez en cuando. Conocí a Sherwood Anderson. Por las tardes solíamos caminar por la ciudad y hablar con la gente. Por las noches volvíamos a reunirnos y nos tomábamos una o dos botellas mientras él hablaba y yo escuchaba. Antes del mediodía nunca lo veía. Él estaba encerrado, escribiendo. Al día siguiente volvíamos a hacer lo mismo. Yo decidí que si esa era la vida de un escritor, entonces eso era lo mío y me puse a escribir mi primer libro. En seguida descubrí que escribir era una ocupación divertida. Incluso me olvidé de que no había visto al señor Anderson durante tres semanas, hasta que él tocó a mi puerta —era la primera vez que venía a verme— y me preguntó: "¿Qué sucede? ¿Está usted enojado conmigo?". Le dije que estaba escribiendo un libro. El dijo: "Dios mío", y se fue. Cuando terminé el libro, me encontré con la señora Anderson en la calle. Me preguntó cómo iba el libro y le dije que ya lo había terminado. Ella me dijo: "Sherwood dice que está dispuesto a hacer un trato con usted. Si usted no le pide que lea los originales. él le dirá a su editor que acepte el libro". Yo le dije "trato hecho", y así fue como me hice escritor.

¿Qué tipo de trabajo hacía usted para ganar ese "poco dinero de vez en cuando"?
Lo que se presentara. Yo podía hacer un poco de casi cualquier cosa: manejar lanchas, pintar casas, pilotar aviones. Nunca necesitábamos mucho dinero porque entonces la vida era barata en Nueva Orleáns, y todo lo que quería era un lugar donde dormir, un poco de comida, tabaco y whisky. Había muchas cosas que yo podía hacer durante dos o tres días a fin de ganar suficiente dinero para vivir el resto del mes. Yo soy, por temperamento, un vagabundo y un golfo. El dinero no me interesa tanto como para forzarme a trabajar para ganarlo. En mi opinión, es una vergüenza que haya tanto trabajo en el mundo. Una de las cosas más tristes es que lo único que un hombre puede hacer durante ocho horas, día tras día, es trabajar. No se puede comer ocho horas, ni beber ocho horas diarias, ni hacer el amor ocho horas... lo único que se puede hacer durante ocho horas es trabajar. Y esa es la razón de que el hombre se haga tan desdichado e infeliz a sí mismo y a todos los demás.

Usted debe sentirse en deuda con Sherwood Anderson, pero, ¿qué juicio le merece como escritor?
Él fue el padre de mi generación de escritores norteamericanos y de la tradición literaria norteamericana que nuestros sucesores llevarán adelante. Anderson nunca ha sido valorado como se merece. Dreiser es su hermano mayor y Mark Twain el padre de ambos.

Y, ¿en cuanto a los escritores europeos de ese período?
Los dos grandes hombres de mi tiempo fueron Mann y Joyce. Uno debe acercarse al Ulysses de Joyce como el bautista analfabeto al Antiguo Testamento: con fe.

¿Lee usted a sus contemporáneos?
No; los libros que leo son los que conocí y amé cuando era joven y a los que vuelvo como se vuelve a los viejos amigos: El Antiguo Testamento, Dickens, Conrad, Cervantes... leo el Quijote todos los años, como algunas personas leen la Biblia. Flaubert, Balzac —éste último creó un mundo propio intacto, una corriente sanguínea que fluye a lo largo de veinte libros—, Dostoyevsky, Tolstoy, Shakespeare. Leo a Melville ocasionalmente y entre los poetas a Marlowe, Campion, Jonson, Herrik, Donne, Keats y Shelley. Todavía leo a Housman. He leído estos libros tantas veces que no siempre empiezo en la primera página para seguir leyendo hasta el final. Sólo leo una escena, o algo sobre un personaje, del mismo modo que uno se encuentra con un amigo y conversa con él durante unos minutos.

¿Y Freud?
Todo el mundo hablaba de Freud cuando yo vivía en Nueva Orleáns, pero nunca lo he leído. Shakespeare tampoco lo leyó y dudo que Melville lo haya hecho, y estoy seguro de que Moby Dick tampoco.


¿Lee usted novelas policíacas?
Leo a Simenon porque me recuerda algo de Chéjov.

Y, ¿en cuanto a la función de los críticos?
El escritor no tiene tiempo para escuchar a los críticos. Los que quieren ser escritores leen las críticas, los que quieren escribir no tienen tiempo para leerlas. El crítico también está tratando de decir: "Yo pasé por aquí". La finalidad de su función no es el escritor mismo. El escritor está un peldaño por encima del crítico, porque el escritor escribe algo que moverá al crítico. El crítico escribe algo que moverá a todo el mundo menos al escritor.

Entonces, ¿usted nunca siente la necesidad de discutir sobre su obra con alguien?
No; estoy demasiado ocupado escribiéndola. Mi obra tiene que complacerme a mí, y si me complace entonces no tengo necesidad de hablar sobre ella. Si no me complace, hablar sobre ella no la hará mejor, puesto que lo único que podrá mejorarla será trabajar más en ella. Yo no soy un literato; sólo soy un escritor. No me da gusto hablar de los problemas del oficio.