Por: Jorge Luis Meléndez Cárdenas
Precisamente uno de los logros
fundamentales en el área económica de los últimos 40 años, han sido los aportes
de Lyndon LaRouche, aunque verdaderamente es un filósofo y estadista, en este
campo se aparta de los dogmas que sustentaban la economía hasta hace poco años,
y da un escalón superior, al cuestionar toda la epistemología que sustenta la
vieja economía. La base de la vieja economía que tiene como símbolo al
economista del imperio británico, Adam Smith, que increíblemente, todavía ocupa
un lugar en la enseñanza tradicional de las universidades y demás escuelas de
post grado. Es en este terreno de la epistemología o el estudio de las raíces
conceptúales en cualquier ciencia se definen su veracidad o desatan sus nudos
de incomprensión, y, esta precisamente ha sido el papel de LaRouche en sus
aportes para este cambio paradigmático.
Recoge una vieja
conexión histórica con el método platónico, que viene todavía desde las
esféricas del antiguo Egipto, para mostrar la conexión total que deviene en un
método único de comprender la realidad y empíricamente ha validado su método de
trabajo, que a través de sus llamados nueve pronósticos han verificado,
sorprendentemente para muchos, inclusive supuestas mentes encumbradas, la
validez de su método.
Quizás algunos
consideren que estas afirmaciones son exageradas, y quizás también las críticas
lleguen a mi persona, pero, debo decir que en estos más de 30 años que estoy
conociendo a LaRouche, nunca he conocido otro economista que vea
científicamente el proceso económico. Y la critica más importante esta en que
las afirmaciones de las políticas económicas, impuestas al mundo, de los
supuestos mejores pensadores en materia económica, como Von Hayek, Von Mieses,
Friedman, Fogel, Becker, y para abundar más todos los premios Nóbel de los
últimos 40 años, han devenido en rotundos fracasos con el caso más patético que
sucedió con Merton, Acholes y Black, y su sistema de minimizar los riesgos de
los derivados financieros, a solo un año después de recibir dicho premio, o sea
en 1998, fracasaron de manera rotunda en el manejo de LCTM (Long Capitol Term
Managment) y con ello sus supuestos teóricos que los llevaron a la academia
sueca.
Lo que quiero
decirles es que en mis años dedicados no a la enseñanza formal, sino al debate
económico serio, no conocí nadie que pudiera evaluar competentemente lo que
ocurre en la economía y los desastres que han pasado. Algunos quizás piensen
que el critico de ultima hora, Joseph Stiglitz, represente ese personaje. Sí,
le dieron también el Nóbel, pero nada más. El caso de LaRouche, se convierte en
un caso único, ya que desmontó sistemáticamente la cortina ideológica a la
economía, en todas sus vertientes, y la convirtió en una ciencia con sus bases
conceptuales que , no importa el régimen que se tenga , pero l historia de la
economía humana de más de seis mil años de historia conocida han permitido a
LaRouche demostrar los factores causales a considerar para que una economía
puede desarrollarse de manera perpetua, y este gran logro lleva a entrar en
confrontación con la forma de concebir la economía. Que quizás ustedes puedan recrear
en sus cátedras, o lecturas, porque esta domina todavía los principales centros
de estudios de administración y economía, pero, ha llegado la hora de la
transformación.
Dentro de ese
análisis, el definir el sistema americano de economía, ya define un corte
histórico para lo que representó Adam Smith, y uno de sus derivados Carlos
Marx. El proceso económico que hizo factible que casi en dos generaciones una
colonia se convirtiera en la primera potencia del mundo, nadie lo estudio, ni
nadie lo imagino, ni los seguidores de Adam Smith, ni el que estaba vivo en ese
momento Carlos Marx, que critico a uno de los economistas estadounidense de esa
época , Henry Carey y que manda una carta al presidente Lincoln, reconociendo
su logro con la desaparición de la esclavitud, pero que encierra un reto por el
futuro entre estas dos vías, y en esto Lincoln, ganó, si nos vamos a las
respuestas históricas que definen rumbos en los pueblos.
Pero que además se
convierte en una tradición, que se inicia desde Alexander Hamilton, pasando por
Carey, luego llegando a la época del presidente Franklin D. Roosevelt, que
logra sacar de la depresión a su país, para llegar ahora a LaRouche, esto
dentro de los Estados Unidos, porque también podemos citar casos de otros
pensadores de lo que ahora se llama economía física, única herramienta que
disponen los pueblos para sentar las bases para un verdadero desarrollo, es
decir que logre el bienestar general de su población.
Aparte de ese valor
conceptual de los aportes de LaRouche, deja claro que la moral y la economía
tienen que ir de la mano. Esto tiene importancia fundamental, porque debe
cambiar radicalmente la visión clásica de la economía que ve al ser humano sólo
como un insumo que se usa, se gasta y se deshecha. Hace algún tiempo, también
la iglesia católica, desde la época en que el Cardenal Ratzinger, hoy Benedicto
XVI, colaboraba con Juan Pablo II, ya era de profunda preocupación el papel de
la economía y la moral, tomando en cuenta que los más radicales de los
seguidores del “dogma del libre comercio o la ideología de Adam Smith” la
economía es para pecadores, no hay moralidad en la economía, y esto es la base
para entender todo tipo de tropelías que han venido sucediendo en contra de la
raza humana. Hoy reclamamos con mayor energía que si un proceso económico no
tiene como prioridad garantizar el bienestar general de la población, para
servir a intereses de una minoría, deberá de ser desplazada y el gobierno
condenado por ser una falta grave. Estos puntos los desarrolla adecuadamente en
su libro que escribió, cuando estaba en la cárcel, La ciencia de la economía
cristiana.
Algunas
consideraciones claves de LaRouche sobre el ser humano
El libro en mención
LaRouche lo escribe coincidiendo con el centenario de la primera encíclica
social que es Rerum Novarum (1991), del Papa León XIII, llamando a atención a
la sección 70, específicamente la parte final de esa sección, y en un pasaje de
la Summa Theologica de Santo Tomás de Aquino, al que hace referencia ahí, en
una nota al pie de la página, el autor de la encíclica, esta dice “Porque, en
tanto, hay obligación de obedecer las leyes sólo en cuanto convienen con la
recta razón y consiguientemente con la sempiterna ley de Dios”.
El pasaje indicado
de la Summa de Santo Tomás dice “La ley humana tiene razón de ley sólo en
cuanto se ajusta a la recta razón. Y, así considerada, es manifiesto que
procede de la ley eterna. Pero, en cuanto se aparta de la recta razón, es una
ley inicua; y así, no tiene carácter de ley, sino más bien de violencia”
“Rerum Novarum
examinó hace 100 años como remediar el mal que en ese entonces ocasionaba la
“voraz usura; la cual, aunque más de una vez condenada por sentencia de la
Iglesia, sigue siempre, bajo diversas formas, la misma en su ser, ejercitada
por hombres avaros y codiciosos”, practica que vino a “aumentar el mal” de
“hallarse los obreros entregados, solos e indefensos, por la condición de los
tiempos, a la inhumanidad de sus amos y a la desenfrenada codicia de la
competencia”
Debemos de decir
que Juan Pablo II tanto en 1988 como en 1991, presentó dos sendas encíclicas
sociales Sollicitudo rei sociallis” (1988) y “Centessimus annos” (1991)
precisamente esta última como homenaje a Rerum Novarum.
Para la época en
que asesinaron al presidente estadounidense John F. Kennedy, a fines de 1963,
habían transcurrido unos tres cuartos de siglo. Para la mayoría de los
observadores de ese entonces, aprecia que el alegato de Rerum Novarum en pro de
la justicia económica, si bien aún no conseguía el éxito, seguramente iba por
buen camino.
En los llamados
sectores “capitalistas industrializados” del planeta, el movimiento sindical y
otras agencias gestoras habían hecho y seguían haciendo avances
acumulativamente inestimables y supuestamente permanentes en lo tocante a los
derechos humanos de la mayoría de los estratos de la población. Aunque al final
de la Guerra Mundial de 1939-1945 se instauró una cruel forma de
neocolonialismo, el espíritu del Proyecto de la Primera Década del Desarrollo,
de la ONU, y la Alianza para el Progreso, del gobierno de Kennedy en los
estados Unidos, paralela al auge del movimiento por los derechos civiles en los
propios Estados Unidos, del que tal vez se hacía eco.
A mediados de los
sesentas, esa prometedora dirección de los acontecimientos sufrió un viraje de
180 grados. En el último cuarto de siglo, las condiciones sociales de la mayor
parte del mundo han sido, por término medio, mucho peores que durante los
sesentas y amenazan con volverse dentro de poco mucho peores que hace cien años.
Esto escribió en
1991, hoy 2007, la situación es cada vez peor, la globalización está
destruyendo al mundo y hay que apelar a las citas de la encíclica que LaRouche
llamó su atención, para hacer prevalecer otra vez el bienestar general.
El ser humano
“Aunque el
desarrollo de las facultades mentales creadoras de cada persona ocurra dentro
de un proceso social, los procesos creadores por medio de los cuales cada
persona genera descubrimientos validos, los trasmite o los asimila
prácticamente, son procesos de generación de conceptos que se pueden demostrar
que son totalmente internos de cada persona. Por lo tanto, esas facultades
creadoras son facultades soberanas de cada persona en la que desarrolla esa
chispa divina de la capacidad de razonamiento creador.
La sola existencia
de las facultades creadoras no es lo que define al hombre a imagen del creador;
es el hecho de que esta facultad creadora es, en cada caso, una facultad
soberana de cada persona, una esencia soberana de la persona humana, que la
define a imagen viva del Creador o, en latín, imago viva Dei.
Por lo tanto, toda
vida humana es sagrada. Si bien se le puede quitar la vida a alguien en el
fragor de una guerra u otro combate mortal moralmente justificado, los
cristianos no podemos jamás poner fin a una vida humana a nuestro antojo cuando
la persona está a nuestra merced, sujeto a nuestro poder de conservar o matar.
De hacerlo, pecamos directamente contra Dios.
Quizá se comprenda
mejor la santidad de la vida humana si tomamos en cuenta la importancia
práctica que tiene para toda la humanidad cada persona que aporta algo, por
mínimo que sea, a nuestro conocimiento científico fundamental” concluye
LaRouche.
Cada avance tiene
una repercusión crucial en la mejora de la vida, esto también significa que el
desarrollo científico tecnológico está íntimamente ligado a la economía.
Uno de los críticos
más severos de este proceso llamado globalización, es Lyndon LaRouche, que la
ha definido como un nuevo imperio romano. Debo partir por decirles que LaRouche,
prácticamente a puesto en tela de juicio toda la ortodoxia económica, y es que
en sus fundamentos epistemológicos pone en tela de juicio toda la teoría
económica que se ha venido desarrollando como base conceptual en la formación
de los profesionales de la economía, pero más importante aún, para la
construcción del desarrollo de nuestras naciones. Estamos hablando de un
momento de crisis, según LaRouche, una crisis sistémica, del sistema financiero
internacional, y las soluciones propuestas de acuerdo a la vieja ortodoxia
económica no han dado resultado, han fracasado de manera rotunda.
La verdad es que la
mayoría de los expertos económicos, salvo honrosas excepciones, han quedado
descalificados, los acontecimientos que están ocurriendo en materia económica
en el mundo, no sólo los dejó sin discurso, sino que plantea una revisión
total de los conceptos todavía prevalecientes de la antigua economía, que
nunca pasó de ser una ideología, siempre vinculada a una concepción
oligárquica del mundo, de hecho la economía cosmopolita de Adam Smith, nunca se
refirió a las economías nacionales, siempre giró al compás del interés del
imperio británico.
Al fin y al cabo,
no se pudo esperar más de un funcionario de la Compañía de Indias Orientales,
que desarrolló una teoría que justificara las ventajas del imperio, creando
el modelo librecambista, al que luego Alexander Hamilton enfrentara, con lo que
llamó “Sistema Americano de Economía”, que demostraba que las economías so¬lo
pueden desarrollarse cuando se sostienen en un programa proteccionista de
desarrollo productivo, como lo muestran 200 años de historia económica. Sin
embargo desde hace casi 35 años, hemos vuelto a la economía del imperio
británico, con otro ropaje, pero que promueve otra vez, que el libre comercio
es la base del desarrollo de nuestros pueblos; es¬to, es totalmente errado,
como lo ejemplifica la actual crisis sistémica de la economía mundial.
Los dogmas de Adam
Smith, revividos en 1947 por Von Hayek, han llevado a las economías del mundo a
un proceso conocido ahora como neoliberalismo, que destruye aceleradamente la
capacidad de reproducción de la riqueza, generando un extraordinario
sufrimiento en millones de seres humanos. Lamentablemente la mayoría de los
economistas llevan este fardo a cuestas, que hace que no entiendan nada de lo
que está pasando, sus criterios están desconectados de la realidad. A lo mejor
piensan que la realidad es la que está equivocada; simplemente no ven a la
economía como un proceso físico, real, es decir, que la economía pase de una
concepción ideológica a una concepción científica, capaz de reproducirse en
cualquier circunstancia, siempre y cuando se respeten ciertos métodos o
procedimientos.
Es visible que la
fama de las escuelas de economía, son cosas del pasado, mientras más se
acelera el deterioro de la economía mundial, menos alumnos en sus aulas, sin
embargo los “guru” económicos, deliran diciendo que la economía mundial está
boyante, y lo dicen sin ruborizarse.
En el fondo es el
resultado de la “ideología postindustrialista” que no solo afecta a los
economistas, sino a gran parte de la población. Solo veamos a quié¬nes premian
con el Nóbel de Econo¬mía, salvo la honrosa excepción de Maurice Allais en
1988, se premia a personajes como Milton Friedman, activo promotor de la
legalización de las drogas, como lo hace tan descarada¬mente en su libro “La
tiranía del statu quo”, que escribió conjuntamente con su esposa Rose; pero sin
embargo tiene un Nóbel, igual puedo decir de Fogel, que justifica la
esclavitud, dice que fue el método más eficiente en el manejo de fincas
rurales, o el caso de Gary Becker que promueve una subasta de inmigrantes para
entrar a los Es¬tados Unidos, el que lleva más dinero es el que será aceptado,
esto es peor que el esclavismo, o los últimos Nóbel de 1997, que son premiados
por sus métodos creados para el manejo de los derivados financieros; es decir
premian a lo que está causando la destrucción del sistema financiero
internacional. Esta demás decir que Merton y Scholes no pudieron hacer
efectivas sus teorías en cuanto a la minimización del riesgo de los derivados
financieros y casi se llevan la economía mundial con la LCTM Long Capital Term
Managment, con una intervención directa de la Reserva Federal y de los principales
bancos centrales del mundo contradiciendo sus teorías de no intervención del
estado, así cualquiera.
En fin, estamos en
una profunda crisis paradigmática de los conceptos económicos. Los últimos 30
años del proceso económico internacional, de¬muestran la incompetencia total en
resolver la mejora de la calidad de vida de la humanidad, manifestándose, en
este proceso globalizador del libre comercio que solo ha beneficiado a una
porción muy pequeña de la humanidad, a costa de la pobreza y al sufrimiento
de la mayoría. Ver mas razones.
Necesitamos una
economía que dignifique al hombre, que tenga una correcta relación, como diría
el cardenal Ratzinger, entre moral y economía, que se sustente en el
desarrollo acelerado de la producción y la infraestructura productiva y que
elimine la usura en todas sus formas. Esta economía si existe, es lo que se
llama “Economía Física”, desde los primeros trabajos de Gotfred Leibniz
(“Sociedad y Economía”-1671), pasando por Dupin, Sancho de Moncada, Alexander
Hamilton, Federico List, Mathew y Henry Carey, Peshine Smith, hasta la
actualidad, reforzada fundamentalmente con los descubrimientos de Lyndon H.
LaRouche, que han transformado a la economía en una ciencia.
Se demuestra esta
afirmación, en que las únicas prognosis correctas de los últimos 30 años
recaen en sus pronósticos, demostrando los errores conceptuales de lo que hoy
se llama la escuela neoliberal, de hecho esta es la confrontación de nuestros
días. LaRouche ha dicho que la especulación financiera se ha convertido en la
principal actividad de la economía mundial, pero a costas de destruir la
capacidad pro¬ductiva de los estados nacionales. Cuando hablamos de la crisis
de México o de la crisis de Asia, siempre nos estaremos refiriendo a la especulación
financiera.
Sin embargo los
jerarcas del FMI y el Banco Mundial, que han sido los propiciadores de la
ejecución de este desbocado liberalismo económico, recetan más apertura, más
liberalismo, más austeridad, es como si una persona estuviera enferma y en
lugar de darle los medicamentos necesarios para sanarla, simplemente se le da
veneno.
Ha llegado el
momento de impulsar la necesaria reorganización por quiebra del sistema
financiero internacional, y qué mejor que hacer los correctivos de manera
ordenada, si se apodera el caos por aplicar más reformas neoliberales, las
consecuencias serán impredecibles. El cuestionamiento paradigmático, no solo
es necesario, sino que es el único medio para hacer un nuevo ca¬mino económico
que beneficie a la humanidad.
La génesis de la ciencia económica de LaRouche
Se basa en la
prueba empírica concluyente de que hay una diferencia fundamental que coloca a
la especie humana absolutamente aparte y por encima de todas las especies
animales, es decir que el hombre es un ser superior. Esta diferencia decisiva
es el poder de la humanidad de aumentar la densidad demográfica potencial de la
especie humana en su totalidad generando, trasmitiendo y asimilando
eficientemente el progreso científico y tecnológico de modo voluntario (1).
Por lo que la
humanidad es capaz de aumentar intencionalmente el tamaño máximo de la
población humana que se puede autosustentar por su propio trabajo, por
kilómetro cuadrado promedio de superficie, y a la vez mejorar las condiciones
físicas de vida. Ninguna especie animal puede lograr esto. La medida en que una
especie animal se puede adaptar con buen éxito está delimitada como por
determinación genética; la humanidad no sufre limitación semejante ni para su
población, ni para el desarrollo de cada uno de los integrantes de dicha
población (aunque ahora, los globalistas piensas que sí)
Este aumento en la
productividad física del hombre se debe medir tanto per capita como por
kilómetro cuadrado: la producción física útil per capita y por kilómetro
cuadrado.
LaRouche dice que
estamos obligados a medir la producción no como una mera cantidad de objetos.
Dado que habla de la tasa de producción desde el punto de vista de la
autoreproducción de la especie humana, tenemos que medir tanto los insumos como
los resultados en unidades actuariales de reproducción.
Se tiene que tomar
en cuenta, en tanto variables funcionalmente causales, un sistema de medición
de insumos basado en la familia como la unidad social tanto de la reproducción
cuantitativa como de la cualitativa, no sólo de sociedades enteras, sino de la
humanidad en su totalidad. Por lo tanto dice LaRouche, estamos obligados a
medir características de cada integrante de la familia, según diferenciaciones
como generaciones, grupos de edad, salud, desarrollo mental, esperanza de vida
y fecundidad. Tenemos que medir, no los objetos individuales, sino la canasta
básica de consumo que se necesita, en promedio, por persona y por familia,
según las correspondientes relaciones de causa y efecto
Estamos obligados a
medir la relación productiva desde el punto de vista de los cambios productivos
que hace la humanidad en la naturaleza: es decir, el aumento que produzca el
hombre de la fecundidad presente y futura de la tierra para la reproducción
humana.
Para que tal proceso
pueda continuarse, la humanidad tiene que realizar deliberadamente los
descubrimientos científicos cada vez más exactos (LaRouche dice que la
creatividad es el motor de la economía) por medio de los cuales se logra
aumentar el bienestar y la capacidad productiva del trabajo. Este progreso
deliberado puede ocurrir sólo a condición de que haya un principio cognoscible
de ordenamiento que gobierne el paso de cada nivel de conocimiento para la
práctica al nivel superior siguiente.
Dado que las ideas
superiores que así se descubren tienen que corresponder al dominio superior de
la naturaleza (dominio complejo) en su totalidad, las leyes cognoscibles que
gobiernen el progreso de los descubrimientos científicos fundamentales tienen
que ser las leyes que gobiernen el universo en su totalidad (un solo mundo) Si
esto no fuera posible la población nunca hubiera pasado de un máximo de diez
millones de personas vivas sobre el planeta en un momento dado: tal es el
estimado razonable de la densidad demográfica potencial de una “sociedad
primitiva de caza y recolección.
Quizás el hombre
emplee exitosamente una herramienta cuyo diseño no comprenda correctamente; sin
embargo, el principio que ordena exitosamente los adelantos fundamentales
sucesivos del diseño de herramientas tienen que concordar por lo menos
aproximadamente con el principio que gobierna el ordenamiento legítimo
subyacente de la naturaleza.
LaRouche profundiza
un poco más, en su libro que llama complemento del Teetetes (2),
En defensa del
sentido común (1990). Las sociedades pueden ser o no ser inmortales; ningún
individuo lo es. Se pregunta ¿No es un éxito la supervivencia misma? Existen
estados de existencia social que parecieran ser de supervivencia momentánea,
pero que también son un paso ascendente por un camino que solo conduce, a más
largo plazo, a la ruina
Se rescata del mar
a un nadador, momentos antes de menguar fatalmente su fuerza. Esto es
supervivencia momentánea. ¿Es este un paradigma para la supervivencia exitosa
de la sociedad entera? ¿Cómo debemos distinguir entre supervivencia momentánea
y supervivencia exitosa?
Dice: elijamos un
momento dado de un proceso continuo de supervivencia de la sociedad en su
conjunto. Este proceso es la agregación e interacción de las muertes, las
maduraciones, los nacimientos, y las concepciones que, juntos definen
funcionalmente a una colección de individuos como una totalidad indivisible.
El momento elegido
sirve como momento de partida para un viaje continuo hacia el futuro. Démosle a
ese momento la designación”A”. A cada uno de una serie de momentos posteriores
escogidos, demos, respectivamente, las designaciones B, C, D, y así por el
estilo.
La supervivencia
del nadador en el momento B, ¿presagia la probabilidad de su supervivencia
continua, por C, D, y así sucesivamente? ¿Para fomentar una posteridad exitosa
quizá? Tal es la distinción primordial entre la supervivencia momentánea y la
exitosa,
Consideremos este
viaje a futuro como si fuera una especie de función continua de la física
matemática. Continuamente, las causas generan efectos, y los efectos tienen
relación causal con efectos subsecuentes. Esta función se expresa en términos
del aumento o disminución de una magnitud llamada densidad demográfica
potencial.
Esta no es una
función continua de tipo ordinario o “lineal”; es “alineal”, pero no por ello
deja de ser una función eficientemente continua en términos de referencias
experimentales.
Densidad
demográfica significa lo que el término mismo parece implicar. Significa, en
términos generales, el número de personas que pueblan un kilómetro cuadrado
promedio de superficie de tierra. Si la inspeccionamos más detenidamente, esta
proporción sencilla se vuelve más y más interesante.
Algunos
antropólogos enseñan que en pasado remoto cuando la superficie de nuestro
planeta era todavía una utopía agreste, toda la humanidad vivía en un estado de
infantil inocencia y armonía con la naturaleza, llamada una “sociedad simple de
caza y recolección”. No han quedado pruebas que documenten esta presunta existencia
de sociedad primitiva aunque se conocen muchos casos de sociedades fracasadas
que han degenerado a una condición que se asemeja al ideal utópico.
Poco importa, más
allá de nuestra mera obligación de registrar el hecho, si tales estados de
desarrollo de la sociedad solo ocurren como el penúltimo grado de degeneración
de la cultura, o si también pueden haber existido quizás como un momento en la
trayectoria ascendente del desarrollo de la sociedad. Las características
demográficas y económicas de tal estado de la sociedad se conocen con un grado
de aproximación bastante bueno.
Un calculo de la
densidad demográfica en tales condiciones sería de unos diez kilómetros
cuadrados de tierra virgen, en promedio por persona. Aparte de eso, la utópica
“sociedad de caza y recolección” se asemejaría a una “tribu” de orangutanes o
patanes. La esperanza de vida de los que sobrevivieron los primeros meses de
infancia sería bastante me¬nos que veinte años y la población máxima en una
utopía semejante en unos 10 millones de personas como mucho.
Sin embargo, hoy
tenemos 6 mil millones de personas, y si todo el mundo se hubiera empleado al
grado que era posible, en el nivel de tecnología disponible en 1970, no sólo
sería significativamente mayor de lo que es la población del planeta, el nivel
de vida per cápita se aproximaría al de Norteamérica de los años 70, y la
población potencial a diferencia de la existente iría llegando a los 25 mil
millones de habitantes.
Dice LaRouche “el
asunto de la densidad demográfica tanto existente como potencial durante los
últimos años es pues el resultado de la continua e interdependiente
generación, transmisión y asimilación eficiente del progreso científico. Ello
significa que la transformación de la tierra, de las capacidades productivas
del trabajo, que refleja directamente el impacto causal del progreso
científico por sí misma tiene los siguientes efectos en la densidad
demográfica potencial:
1) Aumenta la
fertilidad de la tierra, para la producción y para la habitación humana,
2) Aumenta la
productividad del trabajo,
3) Mejora el nivel
de vida físico, per cápita, de las familias de los trabajadores (la canasta
básica).
Se reduce la
superficie de tierra que se requiere en promedio para mantener el común de las
personas, a la vez que aumenta tanto el consumo físico que se requiere, como
la capacidad de satisfacerlo.
Descubrimos también
que ocurren los si¬guientes cambios. Con el aumento de la pro¬ductividad física
potencial del trabajo, y el correspondiente aumento del consumo per cápita
requerido, prevalecen las siguientes pautas:
4) Aumentan la
cantidad de energía que se consume per cápita y por hectárea,
5) Tiende a
aumentar la cantidad de energía concentrada por sección transversal de la
superficie de trabajo (ndr: equipárelo con una función cónica). El aumento de
la productividad física conlleva también los siguientes cambios sociales:
6) Aumenta 1a
proporción de población urbana a población rural, hacia lo que parece ser un
límite máximo asintótico,
7) Aumenta la
proporción de la fuerza de trabajo empleada en producción. de bienes de
producción relativa a la que se emplea produciendo bienes domésticos y otros
afines. Estos cambios se dan con la restricción de que aumenta, y nunca se
reduce, la producción de bienes rurales domésticos y afines por hectárea y per
cápita. Las precondiciones anteriores conllevan otros cambios demográficos:
8). Aumenta la edad
de maduración (para in¬gresar de lleno a la tuerza de trabajo regu¬lar),
9) Hay una
tendencia general de operarios ocupados en la producción física a desplazarse
de modos de empleo de uso intensivo de mano de obra a modos de uso in¬tensivo
de energía.
Sobrevivir
exitosamente significa cumplir todas esas precondiciones. Ellas regulan la
conexión causal entre el avance tecnológico y el aumento de la densidad
demográfica potencial.
El método LaRouche
-Riemann
Como lo explica el
mismo LaRouche (5): El sistema Americano y el método LaRouche-Riemann se basan
directamente en el trabajo de Gotfried Leibniz, específicamente en su estudio
de las implicaciones de las máquinas movidas por calor. A este respecto, baste
un rápido recuento para darle al lector una idea suficiente del punto de vista
desde el cual se elaboró el presente trabajo
Si se transfieren a
las máquinas las funciones que realizan la fuerza muscular humana y animal, y
si se suministra fuerza a las máquinas, no hay duda de que, como dijo Leibniz,
“un hombre puede hacer el trabajo de cien”. En primera instancia, este efecto
se mide cuando se compara producción diaria de un obrero que utiliza una
máquina que la que obtendría sin ella. En segundo termino, podemos comparar la
cantidad de carbón equivalente consumido para suministrar fuerza a la máquina.
De estas investigaciones,
Leibniz obtuvo las definiciones que aportó a la ciencia económica y a la
termodinámica, a saber: trabajo y potencia para realizar trabajo. Sin embargo,
esto simplemente dio sustento al descubrimiento más profundo de Leibniz.
Tenemos que hablar
ahora en forma un tanto técnica. Hay ciertas objeciones a que se den informes
en lenguaje técnico, pero las objeciones a la falta de esta clase de informes
son mayores y mejor fundadas.
Consideremos el
caso especial en el que dos máquinas consumen la misma cantidad de combustible
(medida en carbón equivalente) a la misma velocidad, pero una de ellas produce
mayor cantidad del mismo producto que la otra, independientemente del obrero
que la opere.
Este ejemplo
permite aislar el principio interno de la máquina en tanto objeto de la
investigación experimental. Las diferencias de la organización interna de las
máquinas, que se expresan en diferentes eficiencias al usar energía calórica,
se denomina tecnología.
El ejemplo que
acabamos de citar es excepcional. Los aumentos de la capacidad productiva del
trabajo que se logran por medio de adelantos técnicos requieren por regla
general del aumento del número de kilovatios-hora que la sociedad consume
anualmente. Solo por excepción se pueden mejorar las capacidades productivas
sin aumentar el consumo de energía útil per capita. Más aún: a lo largo de toda
la historia del progreso tecnológico hasta nuestros días, acrecentar las
capacidades productivas del trabajo ha requerido siempre de una mejor
organización del consumo de energía. Primero, la energía debe estar más
concentrada; la cual se mide por el número de kilovatios-hora que pasan por
unidad cuadrada del área transversal del dispositivo por el que fluye: densidad
de flujo energético. Segundo, la energía debe consistir cada vez menos de calor
caótico y cada vez más de flujos coherentes, como la corriente alterna y los
rayos láser.
Para mostrar la
relación de los factores mencionados, podemos empezar por un grafica
tridimensional. Una de las dimensiones es la densidad de flujo energético, la
segunda es el avance tecnológico; y la tercera es el aumento de la capacidad
productiva del trabajo per cápita. Esta sería, en términos gruesos, la función
tecnológica que necesitamos.
El mismo principio
se aplica a la agricultura. La capacidad de crecimiento de la planta depende de
la cantidad de energía útil por kilómetro cuadrado. La fuente principal de
energía es la radicación solar, limitada por la eficiencia de la clorofila; a
ella se suman la “energía artificial” aportada en forma de fertilizantes t
elementos similares, así como la energía utilizada en el riego y en la
maquinaria. La densidad relativa potencial de población que la sociedad puede
sostener mediante su propia producción está determinada por la densidad de flujo
energético por kilómetro cuadrado de tierra habitada, más la densidad de flujo
energético per capita que utilizan los habitantes de esa tierra. Lo cual a su
vez depende de avances tecnológicos sin los cuales no serían efectivos los
incrementos de la densidad del flujo energético.
En general, todos
estos aspectos fueron expuestos de modo explícito por los principales
economistas del sistema americano, o estaban implícitos en sus trabajos y
manera de pensar. El merito específico del método LaRouche-Riemann es que
incluye la solución de cómo medir la tecnología.
La manera en que
Leibniz entendía la tecnología se prefigura en varios aspectos del trabajo de
Leonardo da Vinci, entre ellos el perfeccionamiento de la hidrodinámica y los
principios del diseño de maquina. La definición de tecnología se basa en un
principio que conocía la Academia de Platón de Atenas y que redescubriera
durante el siglo XV el cardenal Nicolás de Cusa, predecesor inmediato de los
logros de Leonardo en las ciencias físicas: el principio comúnmente denominado
teorema isoperimétrico de la topología.
El redescubrimiento
de Cusa acabó con todo s los axiomas, los postulados y la estructura deductiva
silogística de los Elementos de Euclides y demostró que todas las
construcciones posibles en el espacio visible (euclidiano) dependen tan solo de
un principio de suyo evidente: la rotación circular en un vacío sin forma ni
dimensión. La noción de la rotación circular como único “axioma” de la
geometría es una afirmación geométrica del verbo “crear”, “hacer que exista”.
La acción circular, al obrar sobre si misma, produce la línea recta y, luego,
el punto: la línea y el punto ya no son entes evidentes por si mismos
(axiomáticos), sino entes derivados.
En el siglo pasado
(LaRouche escribe en 1989), este descubrimiento condujo al profesor berlines
Jacob Steiner a formular la llamada geometría sintética. Todas las
comprobaciones matemáticas dependen exclusivamente del principio hereditario de
la construcción, sin emplear ningún principio o estructura que no se haya
derivado de la rotación circular axiomática.
Sigue LaRouche
diciendo, el trabajo de Johannes Kepler aportó la prueba empírica concluyente
del trabajo que a este respecto realizaron Platón, Cusa, Pacioli, Da Vinci.
Kepler derivó las únicas leyes astronómicas que mantienen validez hoy en
día.(Aunque estas leyes no miden perfectamente los valores armónicos y no
contienen directamente consideraciones relativistas, son validas en toda su
extensión).La falla del teorema isoperimetrico, es que a pesar que basta para
todas las construcciones posibles en el espacio visible (euclidiano),no basta
para dar cuenta de todas las formas que aparecen en el espacio visible. Estas
últimas abarcan la clase de formas que no se pueden construir en el espacio visible,
sino con el auxilio de funciones trascendentales. Todas las funciones
trascendentales se derivan de la acción circular autosimilar posible en la
superficie externa de un cono o un cilindro de longitud indefinida.
Todas las formas
que pueden existir en el espacio visible se pueden construir sustituyendo las
funciones circulares por proyecciones de estas funciones cónicas de una espiral
autosimilar.
Estas observaciones
nos dan el herramental necesario para discutir la concepción tecnológica de
Leibniz.
Para empezar, se
puede decir que todas las características de la organización de una máquina que
tienen significación técnica pueden reducirse a acción circular: ciclos en los
cuales la dirección de la energía aplicada se cambia de manera ordenada. Sin embargo,
esto es sólo una aproximación. Las máquinas también concentran energía, de modo
que, digamos, un kilovatio se puede concentrar en un área de un centímetro
cuadrado, por ejemplo. Esta intensificación de la densidad de flujo energético
dentro del ciclo de la máquina nos obliga a sustituir la acción circular por la
acción cónica...
Fue al reconocer
las implicaciones del trabajo de Riemann, a principios de 1952, cuando encontré
que había un método para solucionar el problema de expresar matemáticamente la
conexión entre el adelanto tecnológico y el aumento de la capacidad productiva
del trabajo. Para indicaren que consiste dicha conexión es necesario enunciar
qué medición del valor económico se necesita.
Dado que cualquier
tecnología que se mantenga sin cambios tiende a agotar la gama de recursos
naturales de los cuáles depende, no hay sociedad que no se desplome si su
tecnología no progresa. Por razones similares, la única medición aceptable del
valor económico es la del aumento de la densidad relativa potencial de
población de la sociedad.
En otras palabras,
cualquier otra medición económica que se base en cosas contables, (como hoy en
día), o en el costo promedio por hora de producir cosas, resultará absurda,
excepto para aproximaciones de corto plazo. Mas aún: cualquier método de
contabilidad de ingreso nacional que mida el precio neto (valor agregado) u
otras magnitudes escalares del proceso económico, es totalmente inútil y
absurdo cuando se trata de determinar si la tecnología va hacia delante p va en
retroceso.
Por lo tanto, la
ciencia económica debe medir los efectos tecnológicos des de el punto de vista
del aumento de la densidad relativa potencial de población, magnitud alineal
por su propia naturaleza.

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